Recursos para padres

Soluciones prácticas para los problemas cotidianos de los padres

Objetivo del blog...

Ayudar a que todos los padres logren obtener de sus hijos lo mejor de ellos mismos pero, a poder ser, sin perder su propia cordura.

Todos los casos (o casi) que voy publicando los he experimentado con mis propios hijos.

Sé de lo que hablo.

Porque ser padre es...

el trabajo más difícil, y a la vez, más gratificante del mundo.

El niño que no obedece

Una de las situaciones más recurrentes en la vida cotidiana de los padres es enfrentarse a un niño que no obedece. El constante enfrentamiento con un niño
que se niega a obedecer las órdenes más sencillas de sus padres desemboca invariablemente en un desgaste psíquico y crea situaciones frustantes y exasperantes.
Tomo prestados del libro "Portarse bien" unos consejos que Stephen Garber recomienda seguir en estos casos:

  1. Ser claro y conciso: Los padres están frecuentemente tan ocupados dando órdenes que no se dan cuenta de que dan muchas cosas por sentadas. Un niño no puede saber lo que "limpia tu habitación" significa. Su concepto de habitación limpia puede no coincidir con lo que sus padres esperan. A veces los padres también dan varias órdenes a la vez y el niño es incapaz de recordarlas todas.
  2. Pensar antes de hablar: No se le puede brindar al niño una elección como "¿Quieres limpiar tu habitación ahora?" o "Vamos al dentista", si no se quiere oír "No" o "No vamos". Es posible ser firme sin ser dictatorial y se puede utilizar la motivación, como por ejemplo, "Apuesto a que sales del coche antes de que cuente hasta diez".
    Obtener la atención del niño: A menudo los niños están tan sumergidos en sus actividades que, en realidad, no oyen lo que se les dice. Para evitarlo, hay que asegurarse de que el niño sabe perfectamente lo que se le ha dicho. Pídale que repita las órdenes y, después, que interprete lo que significan.
  3. Convertirlo en un juego: La mayoría de órdenes no requieren mucho tiempo para ser llevadas a cabo, a veces menos del tiempo que se pierde discutiendo acerca de las mismas. Si se plantean las órdenes como juegos, se tienen más posibilidades de éxito: "¿Cuánto tiempo crees que tardarás en hacerte la cama? Preparados, listos, ¡ya! Fantástico, sólo has tardado cuatro minutos. Ahora puedes irte a jugar". De este modo se enseña de manera positiva que ayudar no quita mucho tiempo.
  4. Supervisar: La mejor manera de asegurarse de que el niño cumple las órdenes correctamente es controlarlo mientras hace la tarea, pero siempre de forma útil y positiva. Si se prefiere se pueden efectuar inspecciones una vez finalizada la tarea. El objetivo no es encontrar defectos sino asegurarse de que se han seguido las órdens sin convertirse nunca en un antipático sargento.
  5. Elogiar, elogiar, elogiar: La clave es alentar al niño. Una vez realizada la tarea se debe dar una respuesta positiva: "Gracias por darme las gafas. Te lo agradezco mucho" "Hiciste un trabajo perfecto limpiando tu habitación" "Lo has hecho muy bien". También da buen resultado alternar trabajo y diversión: "Pablo, después de guardar los juguetes, vamos a jugar con los coches" o "Carmen, realmente hemos ordenado la habitación muy bien. Voy a preparar palomitas de maíz".
  6. La falta de respuesta ha de tener consecuencia: Si todo lo anterior ha fallado, ha llegado el punto en que se han de aplicar consecuencias negativas para cambiar el modelo:
  • Utilizar un tiempo de respuesta de 5 segundos. Si el niño no obedece, hay que introducir un tiempo de respuesta. Cuente hasta cinco. Después dele a escoger entre dos alternativas: "Jorge, haz lo que te he pedido, o bien yo te ayudo" o "Limpia ahora, Laura, o te vas castigada y limpias después".
  • Guiarlo de la mano. Si se escoge esta alternativa, repita las órdenes al final del periodo de cinco segundos y despues "conduzca" al niño: es decir, se coge al niño de la mano y se le pone en acción.
  • Utilice el rincón. Durante un rato lleve al niño a un rincón y déjele que piense. Después, haga usted que el niño haga lo que se había pedido.
  • Utilice la sobrecorrección: Si el niño no sigue las instrucciones es que quizás no sabe como hacerlo y, por tanto, es conveniente hacerle practicar el quehacer repetidamente, supervisándolo.